Estamos bien, gracias

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Lo estamos, ¿verdad? Bien, digo, que estamos la mar de bien. Bien, de la familia de los bienismos. Imperfectas, ojerosas, cansadas, flácidas, despeinadas, desquiciadas, desbordadas, destronadas, pero curiosamente BIEN. No me parece que a los veinte, libre como un pajarillo, sin hijas, relajada y con el culo (supuestamente) duro estuviera mejor de lo que estoy a día de hoy. Recuerdo con cierta rabia que me sobraba tiempo para destripar mis carencias, mis excesos, mis deseos, mis espejismos y mis Mis. Lo recuerdo como un auténtico coñazo que acababa siempre en el mismo maldito punto muerto: el absurdo de querer ser flaca siendo maciza, comedida siendo pasional o perfecta siendo imperfecta. Ojalá hubiera sido entonces un poquito más sabia y menos anhelante de qué sé yo qué (y ojalá por aquellos días no hubiera pasado cierta putada que contribuyó menos que poco a mi felicidad, para ser justa conmigo misma).

Ahora soy una MoMo, TOMA YA. Me gustaría contárselo a aquella chica indie de veinte años que un día fui: soy una MoMo mediocre que se destripa más bien poco. La cuestión es: ¿han dejado de gustarme las entrañas o me falta tiempo para rebuscar en ellas? ¿he cedido en mis aspiraciones o las he cumplido todas? ¿estoy en mi peso ideal o ha cambiado el perverso canon de belleza? NPI. Pero lo cierto, lo maravillosamente cierto, es que me importa un pepino porque nunca he estado mejor en la convivencia conmigo misma y con mi entorno. Oda al momento en que dejé de ser mi gran prioridad porque creo que en ese punto exacto radica el bendito cambio de estado hacia mi bienestar. Me da cierta grima admitir que ese cambio debió ser aquel que mis padres pasaron años pronosticando: ¡había llegado el día! ¿Qué día? “EL DÍA QUE MADURES…”. Ese día.

Entonces, ya madurita y habiendo renunciado al “mimismo” como prioridad, sucedió que me dio por iniciar proyectos varios: el personal, laboral, vital, aspiracional o el secular. Iniciar proyectos, queridas, fue para mí la clave. Porque esos han sido desde entonces mis nuevos centros de atención, mis variables y mis constantes, aquellas por las que batallo y en las que me auto realizo.

Ahora voy a ponerme obvia, que ya sabéis que a mí eso me encanta, pero soy tan maja que os aviso previamente por si queréis desconectar.

Huelga decir que siendo yo una MoMo mi proyecto-prioridad-axioma supremo son mi par de hijas: ellas son lo mejor que yo he sabido hacer (y eso pese a haberlas hecho casi sin querer). Los días menos buenos, cuando las cosas se ponen borrosas, vuelvo a ellas y ahí recupero el foco: creo, creo, que en eso estoy logrando ser semi perfecta al fin (:D). Y si no, ¿de qué iba yo a iniciar un proyecto-blog para defender mi estatus de Modern?

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7 comentarios
    • Modern Moders dijo:

      Vols dir? Colors a tope! I contenta… GRÀCIES!

      • Deu ser que m’hi sento molt identificada! ^.^

      • Modern Moders dijo:

        Aquesta és la part divertida de ser una MoMo: totes mantenim lluites similars per a ser-ho… :DDD

      • I que està molt ben escrit, és clar! 😀

  1. Jani dijo:

    Hip hip hurra!!! We are the champions! 😉

    • Modern Moders dijo:

      Yes, we are! 😀

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